ESTADO DE LAS COSAS

Hoy en este mundo se llevan a cabo genocidios de pueblos, como el de Palestina, o lo que queda de ella, a los ojos de toda una humanidad que asiste con placer a su exterminio… no hay quién lo ignore, a pesar de que Hollywood no haga el film acerca de la masacre brutal del pueblo palestino, seguramente no conviene a ciertos intereses en juego, vaya uno a saber de que tipo, pues si los hay son de una magnitud de perversión y perversidad, jamás vista…y África, con doce enfrentamientos en acto, de los cuales apenas nos enteramos ,pues no es noticia, da lo mismo , pues no hay duda de que la muerte es la norma.
Las estadísticas y las agencias de noticias, que manipulan la información, con la anuencia de gobiernos que enmascaran su accionar a favor de la impunidad y la perpetuación de farsas que hacen que el mundo se encuentre en una crisis no sólo económica sino también social, devenido en un retraso cultural, educativo y de existencia marca un punto de inflexión sin precedentes en nuestra civilización, donde el Ser y el Deber Ser, ya son instancias del pasado, son modos y formas de hombres románticos y con códigos, de otra época y por sobre todas las cosas hombres que ya en este mundo miserable, no les vienen bien a nadie.
Las instituciones como Naciones Unidas, Organización de Estados Americanos, Unicef, Mercosur, sumadas a todas las redes pseudo-ambientales, de solidaridad, en manos de quienes detentan el poder, con sus testaferros en los más variados roles, incluídos artistas, intelectuales ,policías disfrazados de artistas, que custodian a los poderosos y fustigan a pobres miserables que se arrastran por la vida, con la anuencia de una justicia que baila con las corporaciones y funcionan con cifras, estadísticas y una ineficacia terrorífica, dejando en manifiesto que no son aptas para representar a ningún país, región, ni siquiera a sí mismos, en un mundo que vive, palpita, sufre y está expuesto a los avatares a que los exponen gobiernos ineptos, a bandas mafiosas de la droga, la prostitución, monopolios de laboratorios, fábrica de armas y creadores de la imagen de la actualidad a través de la moda y sus consecuencias de horror, una humanidad que no puede salir del mundo del espectáculo en el cual se debate, sin tener representación legítima en los funcionarios políticos que dicen gobernar en su nombre para de ese modo, construir una existencia digna y feliz.
La ineficacia de las instituciones internacionales ya no pueden ocultar la ausencia de capacidad, la cobardía de sus miembros en lo que hace a la capacidad de organización y decisiones que jamás toman en favor de las causas que deben estar agendadas como prioridad: hambre, pobreza, asistencia a víctimas de guerras, lucha total a la droga en todos los frentes, y contra la prostitución interrelacionada con la dependencia a los narcóticos, no cabe el más mínimo análisis; lo que manifiesto pues lo que digo es una visión diaria en vivo y directo del estado demencial en que se asiste a esta realidad pareciera por ahora irreversible.
La pobreza es causa directa del hambre y la desnutrición. Sus víctimas, al igual que las del sida, son proclives a morir de enfermedades oportunistas que se aprovechan de las bajas defensas. Es también la piedra angular de la marginación social generadora de lacras como exprese anteriormente como el alcoholismo, la droga, y la prostitución con sus dos fases: La inicial o comercio con el propio cuerpo, y la otra, un estado terminal, en que, no habiendo otra cosa, se vende el alma, con amor propio y todo, quedando del otrora hombre o mujer una mísera envoltura de carne que vaga por las calles de una vida sin sentido y vacía. El alma, una vez vendida, aunque no sea al diablo, es muy difícil de recuperar. Es cierto que la pobreza y la dignidad no se excluyen mutuamente, pero hay otra verdad, más cruda y más tajante: No ligan muy bien.
La pobreza deja cicatrices más profundas que la viruela y así marca a sus víctimas con un sello indeleble que arrastran de por vida.
Las ocupaciones más lucrativas del mundo de hoy, insisto, son la corrupción y el tráfico de droga, de armas y de seres humanos. Entre todas, la menos riesgosa es la primera. Los burócratas corruptos no sólo se enriquecen, sino que hasta llegan a enorgullecerse de su condición, como si verdaderamente ésta fuera el producto de méritos personales, todo esto ante un pueblo que asiste en silencio al delito consumado por sus gobernantes.
El hombre de hoy busca desesperadamente algo en qué creer, y cada día se le hace más difícil encontrar palabras que las asimilen como legítimas. Los únicos discursos que se diferencian son el público y el privado. La educación del futuro, si aspira a formar verdaderos valores, tendrá que colgar de aparatos gubernamentales que hagan mucho y digan muy poco. Los ejemplos de los grandes hombres que nos antecedieron van perdiendo su influencia a medida que se multiplican los intereses contradictorios que pretenden usarlos en beneficio de sus respectivas “políticas” de entrecasa.
Los hombres que rigen los destinos del mundo, más allá de partidismos inútiles, comprendan que ya somos más de seis mil millones de almas y estómagos sobre la faz de un planeta. Los recursos cada día son menos, y cada vez se les da un uso más irracional, el Medio Ambiente se ha modificado. La cantidad de hombres viviendo en la miseria y la marginación social son millones, sirva esto para darnos cuenta de qué parte de la humanidad es la que crece desproporcionadamente. Nos cabe a nosotros como legítimos habitantes de esta tierra actuar en forma contundente y digna desde la política, es decir, este conocimiento, esta experiencia ampliada del saber común, de la libertad en la que debemos vivir, sin olvidar que la existencia de la comunidad está trazada sobre la política que en el estado de cosas en el que hoy nos debatimos debe convertirse en una red viva en la cual podamos instalarnos en un mundo en el haya lugar para todos en verdad y libertad.


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