Pigmalión y Beatriz (punto final sobre la mujer de Maxence)


La compañera es la historia de Denise y Marc en su recíproco modelar el uno el alma del otro.

De la mano de Marc y a través de experiencias dolorosas, Denise integra en su vida la mundología burguesa y aprende a hablar, a vestir, a actuar como una señora. Pero Marc no sólo educa, también es educado: al abrirle los ojos al submundo proletario, Denise le conduce a una esfera superior de conocimiento.

Denise, en realidad, no hace más que contar su historia. Es lo que ha hecho siempre, por otra parte, especialmente en los momentos de apuro. Por ejemplo, durante los duros meses de la gran huelga, cuando no ha podido ganar ni un franco y ha sentido con más fuerza que nunca el mordisco del hambre. Una noche es sorprendida robando carbón en un depósito. Tras pasar el resto de la noche en la comisaría, al agente que se presenta al día siguiente le cuenta toda su vida: le habla de su trabajo alienante, de su padre muerto, de su madre enferma, de Jules Delnatte, el antiguo amante de su madre, del café Baussard… Poco después, cuando se ve obligada a mendigar con sus hermanos de casa en casa, de nuevo cuenta a quien le quiera escuchar su patética historia.

Naturalmente, también a Marc se la cuenta, en cuanto le conoce. Es su única vía de desahogo.

“El rico, el rico en dinero, en saber o en cultura, nunca podrá comprender con qué peso el fardo de la miseria aplasta la carne y el alma”, leemos en La compañera. Marc es la excepción: Marc toma conciencia de ese “pecado del mundo”. Pecado al que, por otra parte, la nueva Denise, la Denise burguesa, no quiere dejar de ser sensible.

La novela da a entender sólo implícitamente algo que en la existencia real de Maxence y Thérèze es un hecho bien conocido (lo documenta con cierto detalle Van der Meersch au plus près, biografía escrita por una sobrina): algún tiempo después de conocerse, ambos se convierten, o sea empiezan a ir a misa, etc. Sin embargo Denise, recordando su época de obrera, de la que no va a renegar nunca, se pregunta en cierto momento, en una reflexión que queda al final de Leed en mi corazón, si su vida no estaba entonces, en aquellos años de miseria, más identificada con el Evangelio: “Yo, que de Cristo lo ignoraba todo, ¿estaré algún día tan próxima a Cristo como la Denise de aquellos tiempos?”.


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